17 de junio de 2011

Hace mucho tiempo que no escribo. Es el tiempo suficiente como para haber olvidado cómo redactar correctamente y la forma en que es más eficiente colocar mis manos en un teclado.

¿Que iba a escribir de todas maneras? Aunque en un arrebato consiguiera colocar una palabra después de otra y esta siguiéndole a la primera, hay poco que quiera decir que no se entienda con una sola palabra:
Desesperación.

El mismo tipo de desesperación del que habla Kierkegaard, ese vacío existencial que es como un abismo al que nos asomamos y no logramos ver un fondo, todo lo que se ve es una caída sin fin que seguirá las leyes de la naturaleza y cada momento que caigamos nuestro descenso se hace más acelerado, menos probable parece que se detenga, y a final de cuentas consume la esperanza de salir del abismo.

Esta es una imagen que se antoja trágica, más de lo necesario quizás, pero es en esencia eso y poco más que eso. Es una pérdida tal de la esperanza, lo último que puede morir, se nos ha enseñado, que no se puede describir sin recurrir al lenguaje figurado. Decir "no tengo esperanza" o "estoy desesperado" debería bastar, sin ayuda de nada más, para comprender la situación en la que alguien se encuentra, pero no es así. Las palabras en algún momento pierden su fuerza, su poder primordial que las reviste de significado, y se convierten en sonidos sin sentido verdadero que si atraen la atención de quien las oye o lee es más por el interés de este hipotético espectador y no tanto porque sean poderosas por si mismas. Lo son, o más bien dicho, lo serían, si las palabras y su significado fueran el objeto de atención de las personas.

No es esto de lo que quería hablar, pero tiene algo de importancia. Cada palabra es su significado y su significante, si aceptamos una teoría acerca de las palabras como cierta; la cuestión es que tan frecuente es perder de vista el que el significado no es universal, ni inmutable. El significante puede tener una vida larga, que vea pasar muchos significados por él. Un ejemplo sencillo es la palabra Gay, que aunque en inglés significa y ha significado "alegre", este no es el significado garantizado que le otorgará una persona a la palabra al verla.

Los psicoanalistas tienen mucho que decir acerca de los significados. Mucho de lo que digan seguro está equivocado, pero no obstante eso centran su atención en un aspecto muy subjetivo (en el sentido apropiado de esta palabra, no usado como sinónimo de "relativismo", que es en sí mismo un ejemplo de la transformación de los significados) de la comunicación humana. Atraer la atención a los significados nos hace ver nuestras maneras de comunicarnos con una perspectiva muy particular, que si bien no explica del todo porque en ocasiones la lógica parece no tener lugar en una conversación o en un intercambio de ideas entre personas o grupos de personas, nos da pistas acerca de donde buscar las explicaciones.

Entonces, al decir: Desesperación.

¿Qué tan diferente es el significado para quien lo dice y para quien lo escucha?

Desde ahí la comunicación se puede encontrar impedida. Sin un punto de partida compartido por los participantes en un intercambio de ideas, todo lo que le siga será una construcción frágil de cimientos endebles, propensa a derrumbarse en cualquier momento que una contradicción de significados se haga evidente. Es de allí que surge la necesidad de aclarar los significados de antemano para evitar malentendidos (una palabra tan elocuente para describir justo lo que ocurre), y es allí cuando la cuestión de qué significa estar desesperado es puesta en primer plano.

En qué consiste esta desesperación sería lo siguiente de lo que se debería hablar.