8 de marzo de 2011

Tratado de la desesperación: 2do Round

De vuelta a este texto de Søren Kierkegaard, después de mucho tiempo de dejarlo en pausa.

Ya se habló acerca de qué es la desesperación y en quién se presenta, es decir, vimos cómo la desesperación es una enfermedad mortal que todos padecemos hasta el momento en que alcanzamos la salvación, que siendo Kierkegaard un creyente, considera que sólo es a través de Dios que podemos salvarnos. Que en Dios se encuentre la única salvación es importante tenerlo en cuenta siempre, pues partimos de ese supuesto para entender porqué la desesperación no puede dejar de ser padecida por el sujeto que la tiene, aún cuando el sujeto encamine sus actos a ello.

Kierkegaard procede a hacer una clasificación de las diferentes personificaciones de la desesperación, que a final de cuentas, todos ellos están relacionados con el ser mismo, el Yo, y de cómo el sujeto se relaciona y actúa con ese ser, que no se puede decir que posee del todo, como veremos más adelante. Otro detalle que no hay que olvidar es que Kierkegaard se vale de la dialéctica para dar forma a sus categorías, a eso se refiere cuándo habla de síntesis, al resultado de la confrontación, por así decirlo, de dos opuestos.

Primero que nada, la desesperación vista en relación a lo infinito y lo finito.

¿Cómo se puede sentir alguien desesperado ante lo infinito? ¿No es algo alentador el infinito?

Kierkegaard establece que el Yo es la síntesis de lo infinito y lo finito, es decir, de todas las formas infinitas que puede tomar el Yo y de aquella forma finita que tiene; es lo infinito y lo finito de sus límites como ser. El Yo que se va a lo infinito entonces no tiene límites en su ser y por lo tanto no tiene consciencia de hasta donde realmente puede llegar su alcance y sus posibilidades. La persona se aleja de sí misma, de quién es, no cobra una forma clara y su ser se diluye en el infinito, que es el reino de lo imaginario, de lo que no es real sino una posibilidad solamente.

El Yo se convierte en algo imaginario, en una fantasía del sujeto. Entonces, ya no suena tan agradable la idea del infinito, si alguna vez lo fue. Aún más, para Kierkegaard esta pérdida de lo finito, pues como dialéctica que es su categoría acercarse a lo infinito aleja al sujeto de lo finito, hace que el sujeto pierda de vista a Dios. ¿Para qué podría alguien perdido en lo infinito, siendo todo lo que se le antoje ser, desear a Dios? Desde luego, el sujeto no sabe quién es y eso le desespera, el estar lejos de tener una identidad, que no es la palabra que usa Kierkegaard pero es cómo lo comprendí, no es una experiencia agradable para el espíritu humano.

El lado opuesto, la desesperación en lo finito o la carencia de infinito es entonces mucho más simple de explicar, teniendo de referencia de anterior. Ahora el desesperado se ha quedad reducido a una forma muy estrecha, que tiene muy poco de posible y su identidad está limitada, no posee una visión de la imaginación que, aunque en exceso aleja al sujeto de lo real, es necesaria para enriquecer al espíritu. Sin imaginación, el sujeto es una suerte de bestia que razona, pero que no es capaz de ver más allá de lo mundano y vulgar. Y sin esa posibilidad de imaginar, se distancia de Dios. Es pues, una persona desesperada.

La siguiente forma de ver a la desesperación es en relación a los posible y lo necesario.

Al igual que el infinito podría parecer deseable, lo mismo podría llegar a pensarse de lo posible, pero ya vimos que existe la posibilidad (ah, redundancia) de que lo posible se extienda tanto que el sujeto se encuentre perdido ante la magnitud de ello. En este caso, lo posible es todo aquello que el sujeto puede imaginar, todos esos caminos que puede tomar y las decisiones que podría asumir. Las posibilidades son infinitas, no tienen límites y una vez que el sujeto alcanza algo se enfrenta a un nuevo infinito de posibilidades que se abre ante él. Esta es la desesperación de lo posible, de todo lo que nunca se podrá convertir en real del todo.

Hey. Esto poco a poco se vuelve más fácil de comprender. ¿No es así? De algún modo la complicada explicación acerca qué era el Yo al inicio del texto va cobrando fuerza de una manera sutil. En esta y en la categoría siguiente el papel de Dios es el mismo que en lo infinito y lo finito, en tanto que además, Kierkegaard deja explícita una contradicción de lo divino. Para Dios, todo es posible pues eso es lo necesario para él. ¿Cómo tiene esto sentido? No lo tiene, ese es el punto de tener fe en lo religioso.

Ahora, la desesperación relacionada a lo necesario es el extremo donde hay carencia de posible. Una persona desesperada al no ver posible se inclina a sentir que la existencia es trivial y carente de significado, encuentra placer en sólo aquello que es material y que tiene a su alcance. Sus ideas y sus deseos nunca buscan algo más que todo lo que él mismo contiene, su Yo nunca crece más allá de las necesidades inmediatas de su ser. Otra forma es la del fatalista, que ve todo como inevitable, que piensa que todo lo que ocurre ya estaba destinado a ocurrir así, que lo que ocurrirá es inevitable, que ha renunciado a su propia voluntad, a su Yo.

Esta forma de desesperación se asemeja más que ninguna otra cosa a cómo caracterizamos actualmente a la depresión ¿no es así? Esto no es sorpresa alguna, pero es interesante observar cómo Kierkegaard pasa de ideas que parecen estar alejadas por completo de lo cotidiano algo que es muy cercano nuestra vida cotidiana. No porque hayan pasado siglos quiere decir que las personas han dejado de sentirse desesperadas.

De nuevo, un montón que decir de apenas 3 páginas que leí, espero pronto seguirle.


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