23 de febrero de 2011

El oído para los griegos, lo patético, lo lógico

Antes que cualquier otra cosa. Uno de los problemas que tengo al escribir cualquier idea que haga referencia a cualquier cosa, es que mi cerebro está ya acostumbrado y siempre me dice "debes de incluir la referencia correctamente, debes citar, es lo que fundamenta lo que dices". Esto me detiene, pues paso más tiempo consultando las fuentes de referencia (sean libros, películas, cómics, sitios web) que escribiendo. Es un vicio peculiar, pues debería de terminar de escribir primero y luego consultar esas cosas; nunca he logrado romper del todo este hábito pero lo intentaré ahora mismo.

Ahora sí, al grano.

El día de hoy retomé una vez la Hermenéutica del Sujeto de Michel Foucault, que es un viaje a través de la historia del pensamiento occidental dado a través de clases que impartió en el Colegio de Francia, y el tema que tocaba era el del oído para los griegos, como una técnica de inquietud del sí y del cuidado del sí.

Este es, como podría esperarse conociendo la naturaleza del texto, una continuación de otros temas abordados por Foucault con anterioridad. Retoma la idea de paraskue, que son todos aquello discursos o logos que contienen verdad y que le sirven al sujeto en su actividad de cuidado del sí. Estos discursos eran transmitidos oralmente por los griegos, lo cual supongo tiene que ver con la afirmación contenida en los diálogos de Platón de que el texto escrito es una perversión, una deformación de la palabra hablada (en realidad, en la clase posterior Foucault abordará los textos escritos, pero eso no lo sabía de antemano.) Al ser una transmisión oral, el sentido de la percepción más importante para hacernos de la verdad es el oído.

Es a través del oído que nos llegan las verdades al sujeto. Es el oído el sentido de la percepción que siempre está alerta, que siempre recibe información. Si hay un sonido en la proximidad, lo escuchamos, cosa que no ocurre con aquello que podemos tocar, probar o ver, pues debemos de cambiar nuestra actividad entera para percibir algo a través de estos sentidos. No se me olvida el olfato, es sólo que sí podemos hacernos de discursos a través de la vista o el tacto (la lectura de diferentes maneras), cosa que es imposible con el olfato. ¿Y el gusto? Bueno, ¿qué tal si consideramos el habla como parte del gusto? Lo importante aquí es que el oído es el sentido qué más nos dice del mundo que nos rodea.

Por supuesto oír por oír no es algo muy Griego que digamos. Es necesario, si queremos apropiarnos de un discurso, escuchar. Oír de una manera atenta. Esta escucha no es sólo oír con atención tampoco, implica además una actitud del cuerpo entero, una postura particular para que el cuerpo participe del acto del conocimiento, de la apropiación de las verdades que son dichas en un discurso. La idea Griega era que estar quietos era la manera mejor escuchar, y además era la mejor manera de dar a entender a una persona que se le estaba escuchando. Así una persona podía saber si lo que decía atrapaba la atención de su auditorio, al ver que sus escuchas asumían una postura de inmovilidad.

Además, para escuchar, es necesario no estar hablando. Puede parecer redundante, pero es una distinción necesaria. Incluso en la actualidad muchas personas tienen problemas para mantenerse escuchando sin hablar ellas también, o pasan más tiempo pensando en que dirán que en lo que la otra persona les está diciendo.  Los Griegos consideraban el ser capaz de mantenerse callado, de escuchar en silencio, como una cualidad deseable y que hablaba bien de la integridad moral de la persona.

Como se puede ver, el estar quieto y callado es la manera en que la educación se impartió por muchos, muchos años, en todo el mundo occidental. Otra aportación de los griegos.

El oído además tiene un elemento patético y un elemento lógico, estos eran referidos con las palabras griegas que dieron origen a estas palabras: Pathetikos y logikos.

El elemento patético era el que estimulaba al oído sensualmente, todo lo que le resultaba agradable al oído. Es, decían, probable enamorarse de un discurso por la manera en que es dicho, aun cuando su contenido no tenga valor alguno. Puede parecer una idea absurda que un discurso le guste a alguien sin que esté diciendo algo, pero lo veo de la misma manera que las canciones que una persona escucha y están en un idioma que no comprende; puede tararearlas y disfrutarlas sin saber qué dicen. El discurso de los Griegos, también hay que considerarlo, tenía una forma, una estructura de uso de las palabras muy particular, que permitía o quizás mejor dicho, inclinaba a los oradores a darle una forma estética a lo que decían, en cuanto a ritmo, selección de palabras, etc.

La parte lógica sería (¡sorpresa!) la del contenido, aquella que podríamos considerar como la auténtica portadora de las verdades contenidas en un discurso. Es este elemento el que requiere de la atención del sujeto, de sus escucha atenta, pues a diferencia de lo patético, esto no estimula a los sentidos, sino que va con la intención de estimular a la razón. Si el sujeto no está en una actitud de escucha, si no está callado cuando el discurso llega a él, no podrá escuchar la parte lógica. se perderá de ella y es como si nada hubiera escuchado. Y, siguiendo con la idea del paraskue, si no escucha, mucho menos tendrá a la mano las verdades del discurso, no podrá recuperarlas cuando las necesite, no podrá usarlas para el cuidado de sí cuando las requiera.

Otro aspecto que toca Foucault es el del aspecto físico. Epicteto encontraba repulsivo enseñar a los jóvenes que se mostraban en extremo arreglados (en vestido, peinado, perfume, etc.) pues esa era una inclinación que poco tenía que ver con el escuchar, con el aprender. Esto también puede parecer raro. ¿Qué tiene que ver que alguien esté bien arreglado con su posibilidad de aprender? Pues para los Griegos el cuerpo entero participaba en el acto de la escucha, como ya vimos con el hecho de tener una postura particular para escuchar, y que tanto arreglo personal o no tuviera una persona entra en toda esta postura del cuerpo como participante del saber. Eso y las ideas más austeras que defendía Epicteto, que darían lugar posteriormente a algunas normas y técnicas en los cristianos.

Pero ero vendrá más adelante.




Escuchando... -

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