25 de febrero de 2011

Bhagavad Guita - Equilibrio, sensación, inercia.

La segunda mitad del Bhagavad Guita está más abundante en contenido y normas a seguir, enunciada por Krishna, que la primera mitad. Los temas que aborda no son tan numerosos, pero son abordados con más meticulosidad. Por ejemplo, se enumeran los perfiles de fe, los tipos de adoración que se pueden tener, e incluso la alimentación a la que se inclinan las personas de acuerdo a tres atributos que son de lo que hablaré un poco en esta entrada.

Los tres atributos de los que se nos habla son: el equilibrio, la sensación y la inercia.

El equilibrio es el atributo deseable al que se aspira siguiendo las prácticas del actuar y pensar correcto, el objetivo de la meditación y lo que se obtiene de aceptar la divinidad de Vishnu, en este caso manifestada como Krishna, su avatar. En una parte del Bhagavad Guita Vishnu deja su aspecto humano de Krishna y se le presenta a Arjuna en todo su esplendo divino, dejándolo abrumado por la majestuosidad e infinito alcance de su existencia, que es a la vez una con el universo, pero no es el universo mismo.

Esta dualidad de Vishnu, como simiente de todo lo que existe, pero no todo lo que existe, es una contradicción que es más fácil de comprender si pensamos en la Trinidad del Dios Cristiano, que es a la vez Padre, Hijo y Espíritu Santo. Es tres cosas que son diferentes entre sí, pero son una al mismo tiempo. Aceptar esta contradicción es cuestión de fe, pues de otro modo no es posible.

El atributo del equilibrio media entre las sensaciones y la inercia, que son puntos extremos de un espectro de acción que va desde hacer todo lo que se desea, a no hacer nada y dejar que todo ocurra sin intervenir en ello.

Las sensaciones crean un apetito por más sensaciones, se desea poseer más, sentir más y nunca hay saciedad para este deseo, quien se inclina por este atributo vive en un estado de insatisfacción porque piensa en las cosas que le rodean como cosas que podría poseer, pero aun no posee, lo cual lo mueve a actuar en función al deseo de lo que aun no tiene. Este es un ciclo sin fin que mantiene a la persona atada al mundo material y la aleja del ser supremo, del universo mismo. Esto ya había sido mencionado por Krishna, pero aquí es hecho explícito y deja claro que la consecuencia de este proceder es quedarse en el mismo estado de vida, de reencarnar en un nivel de existencia idéntico al que se ha vivido ya.


La inercia, por su parte, corrompe, pudre y deja sin energía la vida del ser. Es, en pocas palabras, necedad y estupidez, es actuar sin pensamiento, sin consciencia. Es incluso alejarse voluntariamente del equilibrio, de actuar de manera incorrecta voluntariamente y no ver en ello nada negativo. La inercia del comportamiento y el pensamiento es un conformismo diferente a aceptar a las cosas sin esperar de ellas una recompensa, que como ya vimos antes, es un acto correcto, si no que busca el placer y la satisfacción individual. La diferencia con las sensaciones es que en ellas se extrae el placer de lo existente en el universo, en la inercia parece que se extrae el placer de sí mismo, de una suerte de onanismo espiritual.

Sin embargo, estos atributos no son por sí mismo negativos o positivos. La persona puede practicarlos por desconocimiento, es precisamente la exhortación de Krishna un medio por el cuál espera que otros conozcan de todo esto y así decidan obrar y pensar correctamente. Krishna también advierte a Arjuna de los falsos sabios, de quienes practican lo que en apariencia es devoción y proceder correcto, pero lo hacen sólo con la intención de obtener una recompensa con ello, de vanagloriarse de sus actos y de que otros les admiren. La práctica de las enseñanzas de Krishna debe ser honesta, auténtica y ser hecha porque la persona cree en ella con sinceridad, no porque la vea como un medio para obtener recompensas ya sea en esta vida o en las siguientes.

Y es este el último aspecto de la enseñanza de Krishna, la renuncia del ser egoísta de la persona y aceptar en cambio al ser universal que él representa, como avatar de la divinidad de la cual todo el universo ha sido formado. Es renunciar a los placeres de las sensaciones, a la inactividad de la inercia a orientarse al equilibrio y dejar atrás lo que la persona cree, es el salto de fe definitivo.

También se menciona que efectivamente existe el destino y que cada casta existente tiene uno el cual debe seguir y aceptar, algo que ya se veía sugerido en la primera mitad del texto, y como Arjuna pertenece a una casta (noble, pero una casta al fin) su obligación ya está destinada.

Arjuna acepta su destino y las enseñanzas de Krishna y se encamina a la batalla.


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