27 de febrero de 2011

Tratado de la desesperación - 1er Round

Leer a Søren Kierkegaard es todo un reto para mi. Kierkegaard no hace ningún esfuerzo en hacer accesibles su ideas y más bien se enfoca en expresar justo lo que quiere decir de la manera que quede mejor expresada. Así es que sus textos no son fáciles y no hay explicaciones adicionales en el mismo que te permitan extraer de ellos lo que Keirkegaard está diciéndo; no es imposible, eso sí, sólo requiere de paciencia y dedicación. A final de cuentas, el esfuerzo es algo que Kierkegaard tenía en muy alta estima, según tengo entendido.

Pero bueno, "Tratado de la desesperación", ¿Qué tan complejo podría ser hablar de la desesperación? Seguro sería algo más o menos fácil de abordar y comprender.

La realidad es que la desesperación para Kierkegaard es un tema extenso en el cual entran en juego cualidades del sujeto de tipo religioso, que es lo más complejo del pensamiento de este filósofo, así que una lectura simple, no es. Oh, que ingenuo fui.

Estoy seguro que alguien mejor preparado que yo tendría un entendimiento e interpretación mejor de este texto, así que esta no será más que mi interpretación. Que igualmente no dudo tendrá errores y haría retroceder con horror a una persona que sí sepa de que está hablando Kierkegaard.


Para empezar, la verdadera enfermedad mortal no es la muerte misma, sino la desesperación. Al morir, una persona cristiana se libera y llega al plano espiritual de existencia más cercano a Dios, por lo tanto, morir no es ni siquiera trágico por sí mismo, es una parte de la existencia necesaria en el ciclo de vida de un sujeto.

Entonces la enfermedad mortal no es la muerte misma, sino es aquella que sólo concluye con la muerte misma. La desesperación es una enfermedad mortal pues una persona desesperada lo está mientras esté viva, y de la vida la única salida es la muerte. Pero además, el desesperado no ve la muerte como un escape, por mucha que sea su aflicción, opta por seguir vivo que morir.

¿Porqué? Porque la desesperación es una enfermedad del yo, del ser mismo. Sí, una vez más el ser es el elemento central, tal como lo es en La Hermenéutica del sujeto y en el Bhavabad Guita. Coincidencia, más que otra cosa.

El yo para Kierkegaard es un ente dialéctico, es una relación. Hasta donde entendí, es una relación entre el ser y el no ser, una relación dialéctica, donde esos dos elementos existen y demás hay una relación entre ellos. De lo contrario, ser no tendría mucho sentido, pues todo sería, hay que contrastarlo con todo lo que no se es, es esa la relación que se establece, una relación que hace referencia a sí misma (soy) y hacia otra (no soy).

O quizás no. Esa parte por más que la releí no la comprendí del todo.

La desesperación es entonces no querer ser el Yo y el que sí lo quieres ser. Es el extremo, desear ser otra cosa es desesperante y lo es también desear ser él mismo. Por ejemplo, una persona solitaria puede sentir desesperación por eso, que puede o no ser su naturaleza. Si es su naturaleza, le desespera ser él mismo; si está sólo por circunstancias más allá de él, le desespera no poder ser él mismo. Este ejemplo tiene fallas, pero a grandes rasgos es cómo logre entenderlo, porque es lo que explica también porqué Kierkegaard dice que todos padecemos de desesperación en mayor o menor medida, pero no todos tienen consciencia de ello.

¿Suena a algo que dirían los primero psicoanalistas? Claro que sí, pero no tengo idea si hay relación alguna o simplemente es una conclusión alcanzada paralelamente por diferentes personas a través del tiempo. Pero voy más a que hay relación.

Finalmente, estar desesperado es algo que se tiene toda la vida. No es una enfermedad como un resfriado del cual se está enfermo cuando se contrae y se puede curar de ello. Si alguien ha estado desesperado y lo sigue estando, la desesperación se contrae en cada momento de la existencia. La desesperación se crea todos los días, de allí que sea una enfermedad mortal, pues sólo al morir desaparecería por completo. El síntoma de la desesperación no es la desesperación misma, la desesperación es la raíz de los síntomas, pero puede estar presente sin que exista un síntoma y decir "estoy desesperado" no es lo mismo a estarlo, y tampoco no lo está quien dice no estarlo. Es una condición humana, a la que, según Kierkegaard, sólo se puede escapar a través de lo religioso.

Y todo esto, en menos de 50 páginas no comprendidas del todo. Esto es cansado, sí.


Escuchando... -

26 de febrero de 2011

Leer y escribir, aproximación a la parrhesia

Retomemos La Hermenéutica del sujeto, pasando del tema del oído al de la escritura y de la lectura.

Para los griegos y los romanos, la lectura y escritura aunque son dos actividades íntimamente ligadas, tiene sus diferencias bastante importante. La primera de ellas es que la escritura es un acto que requiere esfuerzo activo por parte del sujeto, mientras que el leer es más bien pasivo, pero no por eso está excento de esfuerzo, leer para los griegos y romanos no era idéntico a como lo hacemos ahora.. Los romanos escribían todo junto, es decir, sin espacio entre las palabras. Para poder leer correctamente algo había que hacerlo en voz alta, de manera que el sonido de las palabras hiciera que lo escrito tuviera sentido, de lo contrario era muy complicado saber qué es lo que realmente estaba escrito.

Epicteto y Séneca aconsejan balancear el leer y el escribir, no realizar una de estas actividades por un periodo de tiempo de tiempo largo descuidando a la otra, pues se caerá en un tipo de fatiga particular dependiendo de a qué actividad se favorezca, por no mencionar que se pierde el ejercicio de la otra. Este suena al consejo universal que se da a los aspirantes a escritores: si quieres escribir, debes leer; con el agregado de que si se desea ser lector, también se ha de escribir, algo que podría tener cierto interés en comprobarse qué efectos tendría en la persona.

Para los griegos y romanos, el efecto de escribir era claro en cuanto a lo que hacían era tomar notas de discursos con el objetivo de recordarlos después y tenerlos a la mano cuando los necesitaran. Es decir, para hacerse de paraskue y ejercitar su memoria al repetir de modo escrito lo oído. Lo que se escribe es pues, verdad, no tiene caso escribir otras cosas, y aunque en general se toma nota de los discursos escuchados, también se puede tomar nota de las experiencias y aprendizajes que se han tenido, si estas proporcionan una lección al sujeto y sería meritorio conservarlas para consultarlas cuando se les necesite de nuevo. Tal es el caso de una carta de Seneca que manda a una persona que ha perdido a su hijo, que es en realidad notas que ha tomado sobre el tema del duelo.

Aquí Foucault nos llama la atención a que escribir es en cierta forma un acto de confesión, que posteriormente será muy evidente en la práctica cristiana. El sujeto escribe la verdad, pero no la verdad universal, si no la que considera verdad, en base a su conocimiento y práctica de si, etc. Entonces, la verdad escrita tiene un caracter muy personal, de la misma manera que la confesión es personal y esa una expresión donde el sujeto se liga sin dejar duda a una verdad. El escribir no es la única manera de hacer esta confesión, también se puede llevar a cabo a través del habla. Para los griegos y romanos, el hablar para expresar una verdad era una actividad de gran importancia y tenía que ver con la parrhesia, que quiere decir, expresarlo todo.

¿Qué es todo? Pues todo lo que el sujeto sabe. Parrhesia es la palabra griega y la latina es libertas, la cual, con las connotaciones que tenemos de libertad, nos da una idea intuitiva bastante aproximada a la naturaleza de este concepto.

Los griegos y latinos, al estar recibiendo una lección, al escuchar el discurso de un maestro, callaban, lo cual se vio en la clase anterior, y sólo se les pedía hablar para comprobar si estaban aprendiendo, por así decirlo. Lo que el maestro buscaba era hacerle notar al alumno lo que sabía y lo que no, algo que nació del método socrático. La parrhesia, por su parte, es hablar para expresar lo que se piensa como verdadero, por supuesto, con ciertas reglas. Es pues, el maestro quien se puede expresar así, es más, debe de hacerlo, es su responsabilidad y como lo que dice es verdad, entonces se convierte en un agente de la verdad.

El sujeto no puede decir nada que no considere cierto, con lo cual su relación con la verdad se hace personal, al igual que en la confesión. Es así como el sujeto se convierte en un uno, si así quisieramos verlo, con la verdad. Para los cristianos, la verdad es además salvación, pues así se aceptan y se conocen los actos y el estado del si, para entonces llevar a cabo lo que sea necesario para el cuidado de si.

Esta fue una lección relativamente sencilla de comprender. Al retomar la tradición cristiana, Foucault, algo con lo que una persona que viva en el mundo occidental actual tiene familiaridad, se pudieron hacer paralelos y contrastes fácilmente. Eso y que leer las lecciones regularmente evita que olvide detalles importantes y que con ello me pierda. Pero dejémoslo en mérito de Foucault.


Escuchando...
Paul Simon - I Know What I know

25 de febrero de 2011

Bhagavad Guita - Equilibrio, sensación, inercia.

La segunda mitad del Bhagavad Guita está más abundante en contenido y normas a seguir, enunciada por Krishna, que la primera mitad. Los temas que aborda no son tan numerosos, pero son abordados con más meticulosidad. Por ejemplo, se enumeran los perfiles de fe, los tipos de adoración que se pueden tener, e incluso la alimentación a la que se inclinan las personas de acuerdo a tres atributos que son de lo que hablaré un poco en esta entrada.

Los tres atributos de los que se nos habla son: el equilibrio, la sensación y la inercia.

El equilibrio es el atributo deseable al que se aspira siguiendo las prácticas del actuar y pensar correcto, el objetivo de la meditación y lo que se obtiene de aceptar la divinidad de Vishnu, en este caso manifestada como Krishna, su avatar. En una parte del Bhagavad Guita Vishnu deja su aspecto humano de Krishna y se le presenta a Arjuna en todo su esplendo divino, dejándolo abrumado por la majestuosidad e infinito alcance de su existencia, que es a la vez una con el universo, pero no es el universo mismo.

Esta dualidad de Vishnu, como simiente de todo lo que existe, pero no todo lo que existe, es una contradicción que es más fácil de comprender si pensamos en la Trinidad del Dios Cristiano, que es a la vez Padre, Hijo y Espíritu Santo. Es tres cosas que son diferentes entre sí, pero son una al mismo tiempo. Aceptar esta contradicción es cuestión de fe, pues de otro modo no es posible.

El atributo del equilibrio media entre las sensaciones y la inercia, que son puntos extremos de un espectro de acción que va desde hacer todo lo que se desea, a no hacer nada y dejar que todo ocurra sin intervenir en ello.

Las sensaciones crean un apetito por más sensaciones, se desea poseer más, sentir más y nunca hay saciedad para este deseo, quien se inclina por este atributo vive en un estado de insatisfacción porque piensa en las cosas que le rodean como cosas que podría poseer, pero aun no posee, lo cual lo mueve a actuar en función al deseo de lo que aun no tiene. Este es un ciclo sin fin que mantiene a la persona atada al mundo material y la aleja del ser supremo, del universo mismo. Esto ya había sido mencionado por Krishna, pero aquí es hecho explícito y deja claro que la consecuencia de este proceder es quedarse en el mismo estado de vida, de reencarnar en un nivel de existencia idéntico al que se ha vivido ya.


La inercia, por su parte, corrompe, pudre y deja sin energía la vida del ser. Es, en pocas palabras, necedad y estupidez, es actuar sin pensamiento, sin consciencia. Es incluso alejarse voluntariamente del equilibrio, de actuar de manera incorrecta voluntariamente y no ver en ello nada negativo. La inercia del comportamiento y el pensamiento es un conformismo diferente a aceptar a las cosas sin esperar de ellas una recompensa, que como ya vimos antes, es un acto correcto, si no que busca el placer y la satisfacción individual. La diferencia con las sensaciones es que en ellas se extrae el placer de lo existente en el universo, en la inercia parece que se extrae el placer de sí mismo, de una suerte de onanismo espiritual.

Sin embargo, estos atributos no son por sí mismo negativos o positivos. La persona puede practicarlos por desconocimiento, es precisamente la exhortación de Krishna un medio por el cuál espera que otros conozcan de todo esto y así decidan obrar y pensar correctamente. Krishna también advierte a Arjuna de los falsos sabios, de quienes practican lo que en apariencia es devoción y proceder correcto, pero lo hacen sólo con la intención de obtener una recompensa con ello, de vanagloriarse de sus actos y de que otros les admiren. La práctica de las enseñanzas de Krishna debe ser honesta, auténtica y ser hecha porque la persona cree en ella con sinceridad, no porque la vea como un medio para obtener recompensas ya sea en esta vida o en las siguientes.

Y es este el último aspecto de la enseñanza de Krishna, la renuncia del ser egoísta de la persona y aceptar en cambio al ser universal que él representa, como avatar de la divinidad de la cual todo el universo ha sido formado. Es renunciar a los placeres de las sensaciones, a la inactividad de la inercia a orientarse al equilibrio y dejar atrás lo que la persona cree, es el salto de fe definitivo.

También se menciona que efectivamente existe el destino y que cada casta existente tiene uno el cual debe seguir y aceptar, algo que ya se veía sugerido en la primera mitad del texto, y como Arjuna pertenece a una casta (noble, pero una casta al fin) su obligación ya está destinada.

Arjuna acepta su destino y las enseñanzas de Krishna y se encamina a la batalla.


Escuchando...
Roni Size - New Forms

24 de febrero de 2011

Bhagavad Guita - El ser y el cuidado de si

No es tanta coincidencia que El Baghavad Guita, fragmento del Mahabharata, esté interesado con el ser y el cuidado del sí, tema del que trata La hermenéutica del sujeto de Foucault. Muchos de los textos religiosos y filosóficos de diferentes culturas tienen al ser como tema central, es una constante en el pensamiento humano.

El encuadre en que se dan las lecciones, el discurso, acerca del ser en el Baghavad Guita, tiene lugar en el momento que Arjuna duda acerca de sus obligación en el campo de batalla, al darse cuenta que si continúa con el combate, morirán personas a las que estima en ambos bandos. Krishna, avatar de Vishnu, le exhorta a que cumpla con lo que debe de hacer y es esto lo que constituye la esencia del texto.

Vishnu le dice a Arjuna que sus actos no deben ser guiados por las pasiones humanas, que es parte de su Ser auténtico, imperecedero, su obligación en la guerra, y así cómo el luchará y matará, las personas que luchen y mueran estarán cumpliendo también con su obligación, con lo que mueve a su propio ser.

Suena a predestinación, pero tiene más que ver con que si bien los actos de Arjuna tendrán consecuencias desagradables, todas las personas involucradas están actuando en función a su propia voluntad, han decidido llevar a cabo una acción, que es lo que Krishna le pide a Arjuna que haga. Si Arjuna no actua, la inacción misma tiene consecuencias, pues actúe o no actúe, Arjuna ya no puede extraerse del mundo ni de la circunstancia en la que se encuentra.

Vishnu explica que el ser y el universo forman parte de un todo. Nuestra participación en el universo perdura aunque no estemos conscientes de ello, si actuamos con rectitud. Si actuamos con superficialidad, movidos por nuestras pasiones y deseos vulgares, nuestros actos se pierden en el tiempo y nuestra existencia no tiene más duración que en el instante que ocurre. Nuestro legado como personas está en nuestras acciones y en lo que somos. A esto se le suma también el factor de la reencarnación, pero a esto regresaré un poco más adelante.

Lo que hacemos y lo que somos es lo que perdura. Somos parte del universo tanto como el universo es parte de nosotros. Nuestros actos y nuestros pensamientos deben estar guiados no por las pasiones, sino por que son justos, correctos.

Lo anterior es en conjunto una ideología y una guía para la conducta y el pensamiento. El cuidado del ser está en tener la atención y la dedicación personal de buscar el pensar y el actuar correcto, en no dejar que las pasiones humanas nos alejen de nuestro contacto con todo el universo, con la fuerza vital que todo impregna. Las pasiones conducen a un camino de mera satisfacción individual, sin propósito ni dirección más que existir en un instante, lo cual roba al espíritu, al cuerpo y a la mente de su fuerza vital. Es como consumir comida chatarra, tu cuerpo la disfruta, pero se deteriora y a la larga no queda nada de él. Lo mismo ocurre la mente y el espíritu, que además es inmortal.

La reencarnación, este ciclo infinito de muerte y renacimiento, nos ubica en un lugar en el cual podemos continuar con lo aprendido a través del esfuerzo y la meditación en nuestra vida anterior. En cierta forma es nuestra recompensa, a pesar de que Vishnu dice que no hay que actuar en busca de una recompensa, pero a final de cuentas esto es lo que se justifica el sistema de castas de la India y del Budismo. Si naciste en una posición privilegiada, la mereces, porque en tu vida anterior hiciste algo para merecerla, y los que están en posiciones menos favorecidas, también se lo merecen. Es como deben ser las cosas.

Para concluir, por ahora, Krishna habla de que las personas deben buscar el conocimiento en él. Se puede interpretar como que debemos verlo a él como una deidad al estilo Abrahámico, pero en realidad, siendo que Krishna es un ente que ha perfeccionado el cuidado del sí al grado de ser uno con el universo, entonces es más factible interpretar que por él, se refiere a todo el conjunto de conocimientos y verdades contenidas en el mundo en el que existimos.

Concluiré ya que termine el texto, que apenas voy a la mitad.


Escuchando...
Astral Projection - Let There Be Light

23 de febrero de 2011

El oído para los griegos, lo patético, lo lógico

Antes que cualquier otra cosa. Uno de los problemas que tengo al escribir cualquier idea que haga referencia a cualquier cosa, es que mi cerebro está ya acostumbrado y siempre me dice "debes de incluir la referencia correctamente, debes citar, es lo que fundamenta lo que dices". Esto me detiene, pues paso más tiempo consultando las fuentes de referencia (sean libros, películas, cómics, sitios web) que escribiendo. Es un vicio peculiar, pues debería de terminar de escribir primero y luego consultar esas cosas; nunca he logrado romper del todo este hábito pero lo intentaré ahora mismo.

Ahora sí, al grano.

El día de hoy retomé una vez la Hermenéutica del Sujeto de Michel Foucault, que es un viaje a través de la historia del pensamiento occidental dado a través de clases que impartió en el Colegio de Francia, y el tema que tocaba era el del oído para los griegos, como una técnica de inquietud del sí y del cuidado del sí.

Este es, como podría esperarse conociendo la naturaleza del texto, una continuación de otros temas abordados por Foucault con anterioridad. Retoma la idea de paraskue, que son todos aquello discursos o logos que contienen verdad y que le sirven al sujeto en su actividad de cuidado del sí. Estos discursos eran transmitidos oralmente por los griegos, lo cual supongo tiene que ver con la afirmación contenida en los diálogos de Platón de que el texto escrito es una perversión, una deformación de la palabra hablada (en realidad, en la clase posterior Foucault abordará los textos escritos, pero eso no lo sabía de antemano.) Al ser una transmisión oral, el sentido de la percepción más importante para hacernos de la verdad es el oído.

Es a través del oído que nos llegan las verdades al sujeto. Es el oído el sentido de la percepción que siempre está alerta, que siempre recibe información. Si hay un sonido en la proximidad, lo escuchamos, cosa que no ocurre con aquello que podemos tocar, probar o ver, pues debemos de cambiar nuestra actividad entera para percibir algo a través de estos sentidos. No se me olvida el olfato, es sólo que sí podemos hacernos de discursos a través de la vista o el tacto (la lectura de diferentes maneras), cosa que es imposible con el olfato. ¿Y el gusto? Bueno, ¿qué tal si consideramos el habla como parte del gusto? Lo importante aquí es que el oído es el sentido qué más nos dice del mundo que nos rodea.

Por supuesto oír por oír no es algo muy Griego que digamos. Es necesario, si queremos apropiarnos de un discurso, escuchar. Oír de una manera atenta. Esta escucha no es sólo oír con atención tampoco, implica además una actitud del cuerpo entero, una postura particular para que el cuerpo participe del acto del conocimiento, de la apropiación de las verdades que son dichas en un discurso. La idea Griega era que estar quietos era la manera mejor escuchar, y además era la mejor manera de dar a entender a una persona que se le estaba escuchando. Así una persona podía saber si lo que decía atrapaba la atención de su auditorio, al ver que sus escuchas asumían una postura de inmovilidad.

Además, para escuchar, es necesario no estar hablando. Puede parecer redundante, pero es una distinción necesaria. Incluso en la actualidad muchas personas tienen problemas para mantenerse escuchando sin hablar ellas también, o pasan más tiempo pensando en que dirán que en lo que la otra persona les está diciendo.  Los Griegos consideraban el ser capaz de mantenerse callado, de escuchar en silencio, como una cualidad deseable y que hablaba bien de la integridad moral de la persona.

Como se puede ver, el estar quieto y callado es la manera en que la educación se impartió por muchos, muchos años, en todo el mundo occidental. Otra aportación de los griegos.

El oído además tiene un elemento patético y un elemento lógico, estos eran referidos con las palabras griegas que dieron origen a estas palabras: Pathetikos y logikos.

El elemento patético era el que estimulaba al oído sensualmente, todo lo que le resultaba agradable al oído. Es, decían, probable enamorarse de un discurso por la manera en que es dicho, aun cuando su contenido no tenga valor alguno. Puede parecer una idea absurda que un discurso le guste a alguien sin que esté diciendo algo, pero lo veo de la misma manera que las canciones que una persona escucha y están en un idioma que no comprende; puede tararearlas y disfrutarlas sin saber qué dicen. El discurso de los Griegos, también hay que considerarlo, tenía una forma, una estructura de uso de las palabras muy particular, que permitía o quizás mejor dicho, inclinaba a los oradores a darle una forma estética a lo que decían, en cuanto a ritmo, selección de palabras, etc.

La parte lógica sería (¡sorpresa!) la del contenido, aquella que podríamos considerar como la auténtica portadora de las verdades contenidas en un discurso. Es este elemento el que requiere de la atención del sujeto, de sus escucha atenta, pues a diferencia de lo patético, esto no estimula a los sentidos, sino que va con la intención de estimular a la razón. Si el sujeto no está en una actitud de escucha, si no está callado cuando el discurso llega a él, no podrá escuchar la parte lógica. se perderá de ella y es como si nada hubiera escuchado. Y, siguiendo con la idea del paraskue, si no escucha, mucho menos tendrá a la mano las verdades del discurso, no podrá recuperarlas cuando las necesite, no podrá usarlas para el cuidado de sí cuando las requiera.

Otro aspecto que toca Foucault es el del aspecto físico. Epicteto encontraba repulsivo enseñar a los jóvenes que se mostraban en extremo arreglados (en vestido, peinado, perfume, etc.) pues esa era una inclinación que poco tenía que ver con el escuchar, con el aprender. Esto también puede parecer raro. ¿Qué tiene que ver que alguien esté bien arreglado con su posibilidad de aprender? Pues para los Griegos el cuerpo entero participaba en el acto de la escucha, como ya vimos con el hecho de tener una postura particular para escuchar, y que tanto arreglo personal o no tuviera una persona entra en toda esta postura del cuerpo como participante del saber. Eso y las ideas más austeras que defendía Epicteto, que darían lugar posteriormente a algunas normas y técnicas en los cristianos.

Pero ero vendrá más adelante.




Escuchando... -

23 Feb. 2011

Creo que usaré este blog, por un tiempo como mi medio para expresar muchas cosas que de otro modo no tienen oídos que les interese escucharlas, ni ojos que les interese leerlas. Será pues, mi último recurso al no tener disponible a nadie con quien conversar, en el sentido de tener a alguien a quien escuchar y que al mismo tiempo esté dispuesta a escuchar, no sólo a oír, pues eso no es escaso, sino a realmente poner atención y cuidado en lo que está siendo dicho, y al mismo, que ese cuidado esté también presente en el acto de hablar.

Aunque cuento amigos y otras personas cercanas con las cuales conversar, no es está siempre una posibilidad con la que se pueda contar. En general, las personas están enfrascadas en la solución de su necesidad personal, tienen que procurar satisfacer lo que les es necesario a si mismas, sea esto desde sus necesidades fisiológicas hasta sus necesidades de realización personal, si lo queremos ver del mismo modo que Maslow lo veía, y esto tiene prioridad sobre todo lo demás. No pienso, que podría interpretarse de esta manera lo que he dicho, que esta necesidad de las personas consigo mismas sea egoísta, es simplemente la manera en la que son las cosas, si no se satisficieran esas necesidades, la persona dejaría de existir en el peor de los casos, o su satisfacción con su existencia se vería comprometida, en un caso un tanto mejor, pero no por ello menos desolador.

Entonces no espero que otra persona se ocupe de lo que yo deseo sacrificando el tiempo que podría emplear en cumplir con sus necesidades. No pretenderé que lo que yo quiero no es simplemente un deseo, no una necesidad sin la cual no pueda vivir confortablemente. Es cierto que el no satisfacer este deseo me hace sentir un vacío en mi persona, pero esta no es una situación crítica ni que me lleve a cometer actos que perjudiquen mi integridad como persona o que deterioren mi salud mental.

Es un poco contradictorio, no había caído en cuenta en ello, que este deseo podría ser considerado en mí como una necesidad (de realización personal, de nuevo, tomando a Maslow como referencia), pero con toda sinceridad creo que si bien siento angustia y soledad (algo a lo cual regresaré después, si no lo olvido) no veo esto como algo imperioso, que si no lo dejo satisfecho pueda tener consecuencias nefastas en mi persona. Al menos no de momento.

Ahora bien, mi deseo no es lo mismo que la necesidad de los otros, y no espero tampoco que inviertan el tiempo de ocio, ese que les queda una vez que han trabajado para cumplir con sus necesidades, en dar satisfacción a mis deseos dejando de lado los suyos propios. Quizás para alguna persona sea igualmente deseado tener una conversación como la que a mi me interesa. Quizás no lo sea, y esto lo considero más probable.

Podría reclamar la atención de las personas a mi alrededor para satisfagan mi deseo, pero ¿tendría el derecho de exigir que descuiden sus propias necesidades y deseos, a su persona misma si así queremos verlo, para atender a mis deseos, a mis necesidades, a mi persona?

Creo que no. Estoy consciente que yo requiero de muy poco para satisfacer mis necesidades y que incluso acepto cuando estas no han sido satisfechas del modo que yo hubiera preferido. Esta no es una postura que todas las personas comparta hacia sus propias necesidades y aquí sí encuentro egoísta el pedir que se ajustaran a la manera en que yo puedo lidiar con mis necesidades.

Esta entrada ha resultado bastante desarticulada e incoherente en partes, pero espero lograr más claridad en las entradas posteriores, aunque no es mi objetivo principal, el cual sería, hablar.


Escuchando... Metallica - For Whom the Bell Tolls