15 de noviembre de 2010

Sobre no tener nada que contar

Se me acabaron las historias.

Más o menos desde que empecé a tener pesadillas, hay cosas que contar, no hay personas, no hay lugares, no hay situaciones, no hay nada.

Lo último que escribí que contaba una historia era algo que tenía urgencia de decir y sólo estaba esperando un pretexto para que saliera, después de eso ninguna otra cosa.

Antes tenía la necesidad de contar y mi dificultad era siempre conque las palabras no me salían del modo que me gustaría que salieran, porque seguramente podría escribir mejor tal o cual cosa para que fuera más interesante, para que fuera más fácil de leer y todos esos detalles. Pero las palabras salían, a final de cuentas, desordenadas y escritas sin gracia, pero fluían y no se resistían a ser escritas. Ahora no es así. Incluso escribir esto me cuesta mucho trabajo.

Es como si estuviera algo en silencio que antes no paraba de hablar, porque se siente un vacío allí, en algún lugar. Es aun más evidente porque en el esfuerzo de intentar escribir algo busco dentro de mi, por algo que contar y no encuentro nada.

Seguramente las dos cosas, las pesadillas y no tener más que contar, tienen relación entre sí. Sería raro que fuera una coincidencia que ambas cosas ocurrieran al mismo tiempo, pero qué tipo de relación podría haber entre una cosa y la otra, no lo sé.

Mientras tanto, el no tener historias que contar es triste a su manera. Es algo que siempre me ha gustado hacer y que podía compartir con otros, no siempre con éxito, pero en alguna que otra ocasión algo que escribí le había gustado a alguien. Podría ser una especie de bloqueo de escritor, pero en otras ocasiones me he quedado sin poder escribir y era una sensación muy diferente. Es esa que ya mencioné, de que hay algo allí que no puede salir. Ahora, no puede salir porque no hay nada allí.

Eso sí, puedo escribir cosas para la escuela, pero en ellas no pongo en juego en ningún momento mi creatividad. Sólo agarro pedazos de cosas que ya sé y las coloco una detrás de otra al escribir. El esfuerzo ahí es poner las cosas en el orden correcto y de manera que sea comprensible. Cosa de práctica, como armar muebles.

Curioso, curioso. Apenas al escribir esto me doy cuenta que tanto dormir y escribir eran dos cosas que disfrutaba hacer para olvidarme de muchas cosas y ya no cuento con ellas. 


Escuchando... -

3 comentarios:

  1. Estamos en las mismas.

    Buaaaaa...

    Sobre las pesadillas, espero que pase pronto.

    Pero no sé, se me ocurre que podrías escribir sobre ellas.

    Sobre todo en esta época de tanto estreno de peli de miedo.

    Seguro dan menos miedo que una pesadilla :P

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  2. Ehm... por alguna extraña razón no había leido tu entrada anterior y debo reconocer que mi comentario anterior fue algo insensible.

    La verdad es que hace años que no tengo una pesadilla y no me imagino cómo debe sentirse tener una diaria.

    Espero de verdad que esa etapa pase pronto y que puedas ir a dormir sin miedo.

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  3. Oh, amor... mira te mando un abrazo largo y te acomodo tu cabello hay que sacarle las pesadillas que se quedaron atoradas ahi. Te amo.

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