24 de noviembre de 2010

Pesadillas e It

Después de un tiempo con pesadillas pensé "o se me pasa, o me acostumbro". Ya me acostumbré. Es un poco desconcertante para mi que que despertarme asustado en la noche ya se haya vuelto algo tan rutinario que me haya dejado de importar. Bueno, aún está el detalle de que esto hace que duerma mal, pero por lo menos ya no tengo miedo, o ya no me importa, lo que sea que pase.



Si It funciona tan bien como una novel de horror es en gran parte porque los personajes principales tienen personalidades muy fuertes, que no es lo mismo a decir que son personalidades osadas y decididas todo. Hasta Eddie Kraspbrak tiene su momento para demostrar que no es tan frágil como cree que es.

Ben Hanscom era al prinicipio el personaje con el que más identifico a mi yo de niño, pero conforme avanzo con la novela y me acerco al final, Star Uris me parece mucho más parecido a mi que Ben. Quizás no tanto Stan niño, pero sí Stan adulto. Ciertamente vemos muy poco a Stan adulto en acción, pero conociéndo a Stan niño es muy fácil imaginarnos a Stan como una persona mayor, tanto como con los demás personajes.

Posibles spoilers, adelante, por cierto.

Stan Uris de niño pudo hacerle frente a Eso sólo aunque fue el que más miedo tenía de él, aun si no lo expresaba abiertamente. Como la novela misma lo dice, Stan tenía una mente casi adulta, muy organizada, donde las cosas tienen su lugar y aquello que se sale de la norma aterroriza. Todos el Club de los Perdedores al volverse adultos adquiere esa misma organización en sus mentes, Eso de alguna forma tiene sentido para la mente de un niño, la magia puede ser real para alguien pequeño después de todo, pero no para la de un adulto, al menos no de golpe. La magia es un montón de patrañas que no tienen lugar en el mundo y al parecer Stan estaba demasiado convencido de eso.

Imagino a Stan niño vestido con una camisa color uva, pantalones negros y zapatos impecables, cabello negro rizado de medio largo, pero peinado perfecto. Es un conjunto fuera de lugar para 1958 y quizás lo sería aun para un niño de 1985, pero es la imagen que tengo de él y es al personaje al que imagino con más claridad de todos los que aparecen en la novela.

¿Terminaría como Stan Uris? No lo sé, pero enfrentarme a Eso de adulto me da mucho más miedo que si hubiera que enfrentarlo siendo niño. Los niños creen.


Escuchando...
MF Doom - Tick Tick (feat. MF Grimm)

15 de noviembre de 2010

Sobre no tener nada que contar

Se me acabaron las historias.

Más o menos desde que empecé a tener pesadillas, hay cosas que contar, no hay personas, no hay lugares, no hay situaciones, no hay nada.

Lo último que escribí que contaba una historia era algo que tenía urgencia de decir y sólo estaba esperando un pretexto para que saliera, después de eso ninguna otra cosa.

Antes tenía la necesidad de contar y mi dificultad era siempre conque las palabras no me salían del modo que me gustaría que salieran, porque seguramente podría escribir mejor tal o cual cosa para que fuera más interesante, para que fuera más fácil de leer y todos esos detalles. Pero las palabras salían, a final de cuentas, desordenadas y escritas sin gracia, pero fluían y no se resistían a ser escritas. Ahora no es así. Incluso escribir esto me cuesta mucho trabajo.

Es como si estuviera algo en silencio que antes no paraba de hablar, porque se siente un vacío allí, en algún lugar. Es aun más evidente porque en el esfuerzo de intentar escribir algo busco dentro de mi, por algo que contar y no encuentro nada.

Seguramente las dos cosas, las pesadillas y no tener más que contar, tienen relación entre sí. Sería raro que fuera una coincidencia que ambas cosas ocurrieran al mismo tiempo, pero qué tipo de relación podría haber entre una cosa y la otra, no lo sé.

Mientras tanto, el no tener historias que contar es triste a su manera. Es algo que siempre me ha gustado hacer y que podía compartir con otros, no siempre con éxito, pero en alguna que otra ocasión algo que escribí le había gustado a alguien. Podría ser una especie de bloqueo de escritor, pero en otras ocasiones me he quedado sin poder escribir y era una sensación muy diferente. Es esa que ya mencioné, de que hay algo allí que no puede salir. Ahora, no puede salir porque no hay nada allí.

Eso sí, puedo escribir cosas para la escuela, pero en ellas no pongo en juego en ningún momento mi creatividad. Sólo agarro pedazos de cosas que ya sé y las coloco una detrás de otra al escribir. El esfuerzo ahí es poner las cosas en el orden correcto y de manera que sea comprensible. Cosa de práctica, como armar muebles.

Curioso, curioso. Apenas al escribir esto me doy cuenta que tanto dormir y escribir eran dos cosas que disfrutaba hacer para olvidarme de muchas cosas y ya no cuento con ellas. 


Escuchando... -

13 de noviembre de 2010

Pesadillas

Esta tarde me sentía muy cansado. Después de una semana de dormir poco y mal, me ganó el cansancio y decidí dormir un rato, no mucho, sólo lo suficiente para reponer algo de energía. Ajusté la alarma del reloj de mi teléfono por si acaso no me despertaba por mi cuenta y me acosté.

Lo usual es que, en primer lugar, me despierte antes de que suene la alarma. Mi cuerpo parece tener la habilidad especial de programarse y despertar la hora que necesito que despierte; con la excepción de esas ocasiones donde estoy tan cansado que ni siquiera la alarma es suficiente para despertarme, como fue el caso el día de hoy.

La segunda cosa usual es que no recuerde que es lo que soñé, si es que soñé algo.

Pero esta ocasión soñé pesadillas.

Al igual que con el resto de mis sueños, no suelo recordar mis pesadillas, sólo despierto asustado. Puede ser que recuerde mis pesadillas por un periodo muy corto de tiempo, justo después de despertar, pero más allá de eso, nunca sé qué fue exactamente que hizo que despertara con miedo. También puede ser que sueño pesadillas tan pocas veces que no estoy acostumbrado a recordarlas. En los últimos dos años había tenido pesadillas un puñado de veces, quizás unas cinco cuando mucho. Si consideramos la cantidad de horas que se duermen en dos años, en una cantidad insignificante de pesadillas.

Desde hace un mes, más o menos, he tenido pesadillas casi todos los días. Hoy tuve pesadillas.

Por una parte es bueno que olvide de qué tratan mis pesadillas, así al momento de despertar desaparecen y el miedo dura sólo un momento. Pero por otra parte existe la posibilidad de que ese olvido tenga una razón, que de algún modo mi mente se obliga a olvidar porque recordar la pesadilla no sería nada bueno para mí. Es una idea un poco tonta, pero si tomo como referencia las pesadillas que sí recuerdo, quizás no esté tan lejos de la verdad. probablemente hay allí un miedo muy profundo que es mejor que no vea de frente, por más trillado que eso suene.

Recuerdo la pesadilla de hoy. La recuerdo a pesar de que desperté de ella y me quedé dormido inmediatamente después, y tuve otra pesadilla que ya no recuerdo. Sé de qué trato la pesadilla, sé qué pasó porque tengo imágenes muy vivas de lo que en ella pasó, y estoy seguro que no se me olvidará en mucho tiempo, si acaso la puedo olvidar; y lo que es peor, me da miedo y me dará miedo mientras la recuerde.


De acuerdo, no es cierto. Mentí. Eso no es lo peor.


Lo peor es que después de tantas pesadillas ahora me da miedo dormir.


Escuchando...
Orbital - Impact (The Earth is Burning)