7 de julio de 2010

Tiempo

Supongamos que el tiempo es una cadena de eventos independientes conectados en secuencia formando una línea ininterrumpida sobre la cual no se puede dar marcha atrás.

Ahora imaginemos una criatura que se alimenta de tiempo, un Cronófago.

La manera en que podemos empezar a imaginas una criatura así es como una bestia de cuerpo transparente, que avanza en cuatro patas y que posee unas fauces enormes con las que engulle los minutos, horas y días a su paso. Una fuerza de la naturaleza, un ser que existe, que tiene hambre y es todo lo que sabe de sí mismo.

De un bocado y toda la historia se va.

Podemos imaginar también a un Cronófago como una persona, un ser humano con un apetito diferente, alguien que prefiere comerse al tiempo en lugar de matarlo, aunque no le quede muy claro si hay diferencia.

Así, un Cronófago quizás desarrollaría un gusto particular por ciertas partes del tiempo, seguramente aquellas más ricas en eventos. Quizás se comería meses enteros de tiempo de la vida de otros, algunos años.

Esta vez sería diferente. No se alimentaría del tiempo de otro sólo porque tiene hambre si no porque lo disfruta y probablemente porque le conviene. ¿Por qué no comerse tiempo que le dejaría beneficio desaparecer?


Escuchando... High Contrast - Return of Forever

2 comentarios:

  1. Mmhh... creo que sí hay cronófagos en la vida real.

    Tantas mujeres que le reclaman al hombre que las deja "te di los mejores años de mi vida"...

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  2. Muy interesante.
    Me voy a llevar lo de los cronófagos.
    Saludos desde muy lejos

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