7 de julio de 2010

Aun más cosas sin importancia.

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Hay cosas que diferentes personas que me conocen no creen que me ocurran. Por ejemplo, enojarme, tener miedo, ponerme nervioso, sentirme triste, sentirme feliz, enamorarme, llorar, reír...

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Quisiera ser bueno en algo. Realmente bueno, no sólo capaz. No hay nada en lo que sobresalga. Ciertamente, soy hábil para improvisar y puedo arreglármelas en situaciones nuevas y al tratar de hacer cosas que nunca antes había intentado. Puedo aprender rápido, adaptarme y ajustarme a las necesidades. Suena a que eso es en lo que soy bueno, pero no es tanto así. Sólo hasta cierto punto, después de eso tengo tantas dificultades, o más, de las que cualquier persona tendría.

Es una habilidad conveniente, sí. Es indudable que me ha sacado de aprietos en más de una ocasión y me ha ayudado a no lucir tan inútil.

Pero algo que haga muy bien, mejor que nadie, no creo que exista algo. Supongo que debo aprender a vivir con eso.

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Hace mucho tiempo, las historias tenían un fin que nadie había dicho con palabras, pero que todos estaba conscientes que allí estaba. Las historias le daban sentido a la existencia, intentaban explicar quiénes somos, cuál es nuestro lugar en el mundo y cómo funciona el universo a nuestro alrededor.

Las historias, tenían otra función, también. Nos daban sueños, nos hacían creer en héroes, en brujas, en bosques y montañas encantados, en magia, en todo aquello que pudiéramos imaginar. Eran el puente entre lo real y lo fantástico. No eran puramente fantásticos, porque quien contaba las historias era real y la historia que contaba llevaba una parte de él, muy real también, que se quedaba en quienes lo escuchaban.

Las historias aun tienen estos fines, eso no puede ser negado por nadie, pero ahora que ha sido dicho que así es, las personas ya no están tan conscientes de ello. Las personas ya no buscan en las historias darle sentido al mundo a su alrededor, ya no buscan en ellas cosas en que creer.

Hay quienes aun lo hacen y esas son las que mantienen vivos lo sueños.

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Mi recuerdo más vivo de mi infancia es llegar a un lugar nuevo, hacerme de nuevos amigos, sentirme muy feliz con ellos, y luego, dejarlos y nunca verlos más en la vida.

Y eso por eso que no me gusta hablar de cuando era niño.

Aunque, claro, hay cosas mucho más amenas que contar, pero esas no las recuerdo tan bien.

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1 comentario:

  1. Hasta las arpías sin corazón se encierran en el baño a llorar si alguien las ofende.

    Buuuuu... se van a llevar la compu.

    Ahí luego sigo leyendo y comentando.

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