28 de mayo de 2010

De Dudley a Chun Li

Después de jugar un buen rato Street Fighter III: 3rd Strike (SFIII de aquí en adelante), me di cuenta que había jugado muy poco con Chun Li, el personaje Top Tier indiscutible de este juego. Hasta ahora he jugado con Dudley, consciente de que no es el mejor personaje del juego, pero tiene estilo.

Los boxeadores suelen ser de mis personajes favoritos en cualquier juego y Dudley es además un dandy Inglés que se presenta a sus rivales diciéndoles “Lets fight like gentlemen (Luchemos como caballeros). ¿Cómo no jugar con él?

Además de eso, es divertido jugar con Dudley, en una forma muy particular, púes tiene que ver con las limitaciones del personaje. El problema de Dudley es que es más bien lento para sacar sus ataques y sus golpes normales no tienen mucho alcance. Esto tiene que ver, un poco, con que todos los ataques de Dudley sea con los puños. Parece ser una especie de tradición en los juegos de pelea en 2d que las patadas sean ataques con mayor alcance que los puñetazos. Siendo así, hay que estar muy cerca del oponente con Dudley para causarle daño y no tirar golpes a lo tonto, si lo haces quedas muy expuesto a contraataques. Esto último, desde luego, forma parte de las mecánicas de base de Street Fighter en cualquier versión, sin embargo, con Dudley emula muy bien los principios básicos del boxeo.

Entonces, jugar con Dudley acentúa el hecho de acortar la distancia con tu oponente y conectar golpes muy precisos. Gracias al cielo hay Parry en SFIII, de otro modo los personajes con proyectiles serían increíblemente difíciles.

Considerando todo esto, jugar con Chun Li es una experiencia muy diferente.

Para empezar Chun Li es rápida, de los personajes más veloces de SFIII. Esto aplica a su velocidad para moverse, para soltar los golpes (esto es, de presionar el botón, que ocurra la animación y que el ataque tenga valor de tal, hay poca espera. Poco delay) y para recuperarse después de soltar un golpe (el tiempo de espera antes de poder realizar otra acción. Recovery time). Por si esto fuera poco, los ataques de Chun Li tienen excelente prioridad. El daño que causan es relativamente bajo, sobre todo si tomara como punto de referencia el daño por ataque que produce Dudley.

Entonces, así empieza esto. Lo más sencillo sería echarme un clavado a leer FAQs detallados acerca de cómo usar óptimamente a Chun Li, pero usaré un método más divertido: tomaré como referencia los videos de matches de EVO donde se use a este personaje. (Ejemplo)

Veremos que tanto domino en una semana o dos a Chun Li. En buen plan, claro.


Escuchando... Kyuss - Happy Birthday

2 de mayo de 2010

Donde se habla de un río

Ariadna y Elias llevaban caminando desde medio día, se habían detenido a comer algo después de un par de horas de camino y eso los ayudó a no sentirse tan cansados. Elias llevaba una bolsa con comida, previendo que sentiría hambre tarde o temprano, aunque no era mucho, fue suficiente para que Ariadna y él comieran. Elias tenía una idea más o menos clara de a qué distancia se encontraban del río Gris, había escuchado que si caminaban a buen ritmo llegarían poco antes de que atardeciera. Tanto a Ariadna y a Elias esa distancia les había parecido larga, pero al caminar no sintieron tan cansado el camino, aunque no era seguro si eso había sido porque andaban en medio de un bosque muy fresco o porque tenían un determinación firme de llegar al río ese mismo día.
Durante el camino Ariadna y Elias platicaban de cualquier cosas, para no aburrirse y quizás conocerse un poco más.
“¿Crees que alguien viva por aquí?” preguntó Ariadna, en alguna ocasión.
“No lo creo, no es un lugar para vivir.” Contestó Elias.”Mucha gente pasa por aquí, sería incomodo tener una casa aquí, con tanto movimiento.”
“Los árboles se ven menos verde aquí,” comentó en otra ocasión Elias.
“Eso quiere decir que estamos cerca,” contestó Ariadna.
Y así era. Los árboles, la tierra y todas la demás vida en el bosque palidecía más y más conforme avanzaban en el camino. En menos de media hora pudieron ver frente a ellos un lugar completamente gris. Habían llegado.
Ariadna, que ya necesitaba descansar, se sentó en el suelo y miró con atención al río Gris. Parecía estar hecho de algo que no era agua, demasiado apacible, quizás, aunque sonara tal como la haría cualquier otro río, quizás un poco más silencioso, pero todo alrededor de Ariadna y Elias era silencioso, se hubiera visto fuera de lugar que el río Gris no lo fuera.
Elias se mantuvo de pie, con los brazos cruzados, al lado de Ariadna, mirando al río.
“Es justo como lo imaginé,” dijo Elias.
Ariadna se recostó en el pasto.
“Mi padre me habló de este lugar cuando era niña,” dijo Ariadna, “Me contó la historia de un hombre que vino aquí buscándose a sí mismo.
“Verás, ese hombre tenía una familia, esposa, hijos, todo eso; hasta tenía un perro hermoso que le llevaba el periódico en las mañanas, no sé, mi padre no contaba eso pero estoy segura que tenía dos coches y muchas corbatas; pero ese hombre creía que todo eso no era para él, que eso no era lo que él quería para sí mismo. Quería saber quién era él realmente, creía que había algo más en algún lugar del mundo esperándolo, y entonces un día, sin avisarle a nadie, partió de viaje.
“Al principio no lo extrañaron mucho en su casa, todos los que lo conocían debieron pensar que estaba atravesando por una crisis de edad madura, y en cierto modo tenían razón. Su esposa intentó encontrarlo por un tiempo pero se rindió, pensando que su esposo regresaría tarde o temprano. Después de todo, tenía una familia, una casa y una mascota a las cuales amaba y no podría abandonar. Sin embargo, este hombre no era muy bueno para hablar francamente, no es que fuera mentiroso, sólo que gustaba de evitar las verdades dolorosas, como la mayoría de los hombres casados que he conocido, de modo que nadie sabía cómo se sentía acerca de su vida excepto el mismo.
“Mi padre decía que quizás si hubiera hablado con alguien sobre lo que pensaba no hubiera abandonado todo y así esta historia no existiría. Pero este hombre no lo hizo, se marchó y viajo sólo por muchos años, visitando tantos lugares del mundo como le fue posible, viajando en autobús, a pie, en balsa, en avión, en mula, en cualquier cosa que pudiera permitirse. Jamás se quedaba mucho tiempo en el mismo lugar, no porque se aburriera o no se hiciera de amigos nuevos, que hizo muchos, es sólo que no tenía caso quedarse en donde no había encontrado respuestas. Entonces, tomaba sus cosas, sus nuevos amigo le daban ideas de a donde podría ir después y reanudaba la marcha
“Su esposa después de un año se angustió. Intento buscarlo, está vez en serio, sin éxito alguno. Para cuando comenzó a preguntar dónde podría estar su esposo, este ya estaba muy lejos y aunque había dejado cierto rastro que seguir, no era suficiente. Para cuando su esposa lo ubicaba en algún punto, él ya estaba en otro lugar, lejos de allí.
“Mi padre, también de esto decía algo, que si la esposa lo hubiera empezado a buscar desde el primer día, poniendo todo su empeño en ello, así tampoco existiría esta historia. Era el tipo de cosas que mi padre decía, esos detalles le llamaban mucho la atención y siempre interrumpía sus relatos haciendo comentarios sobre ello. Él estaba seguro que si se hubiera dicho algo diferente en algún momento, o hubiera dejado de decir algo, quizás yo no habría nacido, o sí habría tenido hermanos, o hubiera decidido seguir estudiando, o... no lo sé. Cualquier cantidad de cosas.”
Elias aprovechó que Ariadna hizo una pausa en su relato para sentarse en el suelo al lado de ella. Ariadna diferencia de Ariadna, Elias se sentó con mucho cuidado, como si no quisiera maltratar sus ropas ni tampoco el suelo sobre el que iba a estar.
“Ese hombre,” continúo Ariadna, “no mi padre, el de la historia, viajó por diez años enteros, conoció cientos de lugares, quizás a miles de personas y poco a poco iba perdiendo la esperanza de encontrar una respuesta a la pregunta de quién él que le dejara satisfecho. Lo que es peor, no había encontrado ninguna respuesta, de ningún tipo, en ninguna parte, nada. Ni siquiera se había encontrado con alguien que le dijera que fuera él mismo o que la vida que tenía era la única que le podía tocar, por raro que eso sea. Las personas que dan esos consejos abundan tanto y no me explico cómo ese hombre no se topó con una docena de ellos, pero mi padre decía que así fue.
“Este hombre estaba por rendirse, después de tanto tiempo y esfuerzo, cuando llegó aquí, al Río Gris. No era un lugar que estuviera en su itinerario, él se dirigía aun lugar distinto, no sé a cuál, pero no había necesidad de pasar por el río para llegar a él.
“Cuando ese hombre llegó aquí, al principio ni siquiera notó este fuera un lugar especial, estaba demasiado concentrado en sí mismo y sus duda insoluble como para notar que entre más se acercaba al río, más silencioso era todo y más pálidos se volvían todos los colores. Nosotros lo notamos pronto cuándo veíamos hacia acá, supongo que porque sabíamos a donde íbamos”
“Y porque ver un mudo gris es inusual” comentó Elias.
“También eso,” dijo Ariadna, “Pero el caso es que el hombre no lo notó. No fue hasta que miro su reflejo en el río que se dio cuenta de que era Gris y de algo mucho más importante.
“Hasta ese momento, los reflejos que ese hombre había visto de él habían sido todos iguales entre sí, pero este era diferente. No podría haber dicho porqué, pero la persona en el reflejo le pareció ser otra que no era él. Algo había diferente, pero no estaba seguro de qué podría ser. Se quedó viendo ese reflejo por largo rato y parpadeo.
“Veras, ese hombre estaba tan absortó en sí mismo que no había pestañeado ni una sola vez desde que comenzó a mirarse en el río Gris. Su reflejo le pareció tan interesante que no quería apartar la mirada de él. Si sus ojos no se hubieran sentido secos, quizás nunca habría cerrado sus ojos y esta historia no existiría, ahí mismo habría terminado.”
“¿Eso también lo decía tu padre?” dijo Elias.
“No. Eso lo digo yo.” dijo Ariadna, sonriendo “Al abrir los ojos de nuevo, ese hombre vio que su reflejo le parecía diferente, no era igual al que había visto un instante antes y no era el mismo de siempre. Pero esta vez supo porqué, su cabello y ojos eran de otro color. A pesar de lo gris del río, este producía reflejos muy vivos, llenos de color y movimiento. Parpadeo otra vez y su reflejo cambió. Ahora su piel era de otro color. Probó un par de veces más, sólo para estar seguro.”
“Cada que abría sus ojos, su reflejo era otro, su ropa cambiaba, o su estatura, o su peso, o todo completo, y eso le agradó bastante.
“No fueron pocas veces. Estuvo allí por un largo rato. Mi padre decía que quizás había pasado días enteros mirando su reflejo, sin comer, sin beber, sin dormir y sin decir una sola palabra, sumido en el más profundo silencio, mirándose nada más. Siempre creí que mi padre exageraba un poco, aunque ahora no estoy tan segura.”
“Sería interesante que así fuera, ¿no es cierto?” dijo Elias.
“Bastante. Sí,” dijo Ariadna. “Y entonces, ese hombre se quedó mirándose en el río Gris, no importa cuanto tiempo, pero en algún momento, al estar inclinado, se algo cayó de uno de sus bolsillos. Quizás fuera una moneda, o pudo ser un pedazo de papel o cualquier otra cosa, esto tampoco importa mucho; de cualquier manera, lo importante es lo que le ocurrió a ese objeto al caer al río.
“Primero, se hundió como cualquier otra cosa lo haría, salpicando agua en todas direcciones, y después salió a flote de nuevo y se alejó volando.
“Sea lo que fuera que cayó allí se convirtió en un escarabajo enorme de color verde brillante y se alejó de allí, zumbando, a toda velocidad.
“Ese hombre lo vio todo e intuyó que había ocurrido. Había sido el río, no podría ser otra cosa. Pero para estar seguro, intentó de nuevo. Sacó de sus bolsillos más cosas. Quizás monedas, trozos de papel, boletos de autobús, piedras, dulces, no lo sé, cualquiera cosa que pudiera haber tenido en sus bolsillos en ese momento, y las dejo caer al río. Cada cosa que caía se hundía, pasaba un instante, entonces la cosa salía a flote como algo diferente. Un pez dorado, un ave de pecho rojo, una rana de color azul, un gato pardo, un ramo de flores amarillas.
“Fue ahí cuando la idea le cruzó la mente a ese hombre.
“Si él se dejara caer en el río, se transformaría. Allí debía estar su respuesta, eso era sin duda lo que había buscado hasta ese momento. Seguramente tomaría la forma de lo que realmente era.
“Ese hombre se acercó entonces a la orilla del río, aun más que antes, tanto como era posible sin entrar en él. Se quitó los zapatos, los calcetines, la camisa y se dejó caer al río.
“Al sumergirse en el agua ese hombre dejo de ser él mismo y se convirtió en alguien o en algo más. Nunca más se volvió a saber de él.
“Mi padre me decía que si sabemos lo que le pasó es porque encontraron la ropa que dejo atrás, en la que aun quedaban algunas pocas cosas por las que lo pudieron identificar.
“Mi padre también me decía que nadie estaba seguro de que si con haberse dejado caer en este río ese hombre había encontrado su respuesta, pero que él creía que no, que solamente se había escapado un rato y que pasó poco tiempo para que la misma pregunta apareciera en ese hombre, fuera lo que fuera después de haberse echado al río Gris.”
“¿Y tu qué crees?” preguntó Elias.
Ariadna se levantó del suelo y se desperezó.
“Si creyera eso no estaría aquí” dijo Ariadna.
Elias se levantó también.
“Vamos, entonces.” dijo Elias.
Ariadna y Elias se acercaron a la orilla del río, comenzaba a oscurecer y el atardecer se veía rojo en el horizonte, pero nada había cambiado alrededor del río Gris, se mantenía de ese color gris uniforme que tenía a todas horas y el agua se mantenía transparente y quieta, dejando ver el fondo del río sin problema alguno.
“La historia que me contaste,” dio Elias, “no la había escuchado así, con tanto detalle.”
“¿Entonces?” preguntó Ariadna.
“Era más o menos lo mismo, el mismo hombre, seguramente, pero de lo que me hablaron a mi es que este río ha estado siempre aquí, pero no siempre ha sido gris. Que fue con el tiempo que poco a poco fue perdiendo sus colores, que algunas personas incluso lo recuerdan cuando tenía más colores que gris. Y que el hombre, ese el de la historia, fue el primero que cayó al río Gris y que se corrió la voz, que por eso tanta gente viene aquí todo el tiempo y pocos son vueltos a ver de nuevo.”
“Tiene sentido,” dijo Ariadna.
Ariadna y Elias estaban al borde del río y miraron sus reflejos en él.
Ariadna se vio de cabello rojo y vestida con un uniforme negro, Elias se vio con anteojos, regordete y cargando una caja con herramientas. Ariadna parpadeó. Ahora se vio muy alta y delgada, con la piel bronceada y una cicatriz en la barbilla. Elias parpadeó. Ahora se vio vestido con un pantalón ceñido, una camisa remendada y fumando un cigarrillo. Ariadna parpadeó. Ahora se vio como un hombre ya entrado en años, con calzado impecable y un maletín negro colgando de la mano. Elias parpadeó. Ahora se vió como un sabueso de manchas marrón y jadeando.
El reflejo que Ariadna veía de Elias era el de la persona que tenía a un lado, el único reflejo que nunca era el mismo era el de ella. Ariadna parpadeó de nuevo. Ahora se vio como una luciérnaga de titilante luz verde, trazando ochos en su vuelo.
Ariadna y Elias se vieron como personas, como animales, como plantas, y como objetos. Algunas veces les daba miedo lo que veían, otras les alegraba, algunas veces les molestaba, pero no podían dejar de verse reflejados en el agua del río Gris.
Ariadna retrocedió, alejándose de la orilla. Sabía que si seguía mirando su reflejo podría perder allí horas enteras, y no era eso a lo que había ido.
Elias quizás se quedaría mirándose allí o quizás no. Aun no lo había decidido, pero si estaba allí lo más seguro es que eso no fuera lo único que haría.
Ariadna se quito los zapatos y la blusa, se acercó de nuevo a la orilla del río, cerró los ojos y se dejó caer al agua.
Al abrir de nuevo los ojos, había encontrado su respuesta.